El Analizador Pro · Tema 2 · Renta fija
Panel de renta fija
Datos reales de la eurozona y de España sobre deuda pública y privada, con el mismo registro que el Tema 1: analogía completa antes del término técnico, y sin recortar por recortar. Ver el informe semanal →
La curva de tipos de la eurozona hoy
Análisis profesional
En el Tema 1 ya viste la curva 2s10s: la diferencia entre lo que paga el Tesoro de EE.UU. a 10 años y a 2 años. Esta tarjeta es la versión completa y europea de esa misma idea, tal como la describe la nota 09 del curso: la ETTI (estructura temporal de tipos de interés) es la curva formada por el tipo de interés que paga la deuda pública de máxima calidad de la eurozona a cada plazo posible — 3 meses, 1 año, 2, 5, 7, 10 y 30 años. Imagina que le preguntas a un banco «¿cuánto interés me das si te dejo el dinero 3 meses? ¿y si te lo dejo 30 años?» y vas apuntando cada respuesta en un gráfico: eso, unido con una línea, es la curva.
El Banco Central Europeo construye esta curva todos los días a partir de los precios reales de la deuda pública de los países con mejor calificación de la eurozona, usando una técnica matemática (el «modelo de Svensson», una versión más sofisticada del modelo académico Nelson-Siegel) que ajusta una fórmula suave a los precios observados en el mercado, de forma que se pueda leer el tipo de interés «puro» para cualquier plazo, incluso los que no tienen un bono cotizando exactamente en ese día. El resultado son los llamados «tipos cupón cero»: el tipo de interés de un bono imaginario que solo paga una vez, al final, sin cupones intermedios — la nota 09 explica que estos tipos son el ladrillo básico con el que se construye todo lo demás (el precio de cualquier bono con cupones es, en el fondo, la suma de varios de estos tipos cupón cero a distintos plazos).
Hoy la curva tiene pendiente normal: el tipo a 3 meses está en torno al 2,3%, sube hasta cerca del 2,7-2,8% entre 2 y 5 años, y llega a rondar el 3,2% a 10 años y el 3,6% a 30 años. La tarjeta marca en verde el diferencial entre el tipo a 10 años y el de 2 años cuando es mayor de 0,5 puntos porcentuales (curva «creciente», lo normal), en ámbar si está entre 0 y 0,5 (curva aplanada) y en rojo si es negativo (curva invertida) — el mismo criterio, con los mismos números de corte, que ya usa la tarjeta de la curva americana del Tema 1.
La forma de esta curva es, literalmente, lo que el mercado espera que haga la economía. Una curva creciente (la normal) dice «se espera crecimiento e inflación moderada, así que pedir prestado a más plazo cuesta más». Una curva invertida dice lo contrario: el mercado espera que, más adelante, el banco central tenga que bajar tipos para reactivar una economía debilitada — por eso acepta menos interés a largo plazo, para asegurárselo antes de que baje. Es exactamente la misma lógica de la curva 2s10s del Tema 1, pero aplicada a la deuda europea de más calidad en vez de a la americana.
Esta tarjeta y la curva 2s10s del Tema 1 miden el mismo fenómeno en dos economías distintas (eurozona y EE.UU.). Cuando ambas se mueven en la misma dirección —las dos aplanándose o invirtiéndose a la vez— la señal de alerta sobre el ciclo económico global es mucho más fiable que si solo una de las dos se mueve.
Análisis profesional
La nota 07 del curso explica que la renta fija privada —la que emiten las empresas, no los Estados— tiene más riesgo y por tanto más rentabilidad que la deuda pública. Esta tarjeta mide justo ese «extra» para las empresas de mejor calidad crediticia: las que tienen rating «investment grade» (AAA a BBB-, ver la tarjeta de rating). ⚠️ Importante: mide el mercado de crédito corporativo de EE.UU. (índice ICE BofA vía FRED), no el europeo — no hay un equivalente de la eurozona gratuito y verificado todavía, así que esta tarjeta es un termómetro global de aversión al riesgo, no un dato español o europeo. Imagina que un banco te presta dinero a ti, que tienes nómina fija y ahorros, a un interés algo más alto que el que le cobraría al Estado —no porque desconfíe de ti, sino porque tú, a diferencia del Estado, sí podrías en teoría dejar de pagar—. Ese «algo más» es el spread.
Se calcula comparando el interés (yield) que pagan cientos de bonos corporativos americanos de grado de inversión con el de la deuda pública de EE.UU. del mismo plazo: la diferencia es el spread, medido en puntos porcentuales. Cuando los inversores están tranquilos sobre la economía, compran deuda corporativa sin pedir mucho extra —el spread se estrecha—. Cuando temen una recesión o impagos, venden esa deuda y piden más interés para compensar el riesgo —el spread se ensancha—, exactamente el mismo mecanismo que ya conoces del spread high yield del Tema 1, pero aplicado a la deuda de mejor calidad, no a la especulativa.
El spread está hoy en torno a 0,78 puntos porcentuales, un nivel bajo si se compara con la historia reciente: en el susto de la COVID en marzo de 2020 llegó a superar los 2 puntos, y en la crisis financiera de 2008 llegó a superar los 6 puntos porcentuales. Esta tarjeta no usa semáforo verde/ámbar/rojo porque el curso no fija un umbral exacto para este dato en concreto: se lee mejor en relación a su propia historia que contra una frontera fija.
Un spread investment grade tan bajo como el de hoy es, en sí mismo, una lectura: significa que el mercado apenas diferencia entre prestarle a una empresa sólida y prestarle al Estado, es decir, que no ve riesgo de impago por ningún lado entre las empresas de calidad. Esto puede leerse como buena salud económica, pero también —el propio profesor lo señala respecto a otros spreads del curso— como una forma de complacencia: cuando nadie pide compensación por un riesgo, ese riesgo no ha desaparecido, solo está infravalorado, y suele ensancharse deprisa cuando algo se tuerce (como pasó en 2008 y en 2020).
Se lee junto al spread high yield (la tarjeta siguiente): si el spread investment grade sube mientras el high yield se mantiene tranquilo, el estrés está llegando primero a las empresas más sólidas —algo poco habitual—; lo normal es que el high yield se mueva antes y con más fuerza, porque son las empresas más débiles las primeras en notar un enfriamiento del crédito.
Análisis profesional
Esta es la misma serie que ya viste en el Tema 1 (grupo 'Ciclo y crédito'), pero aquí conviene mirarla con la lente del Tema 2: es el interés extra que exige el mercado a las empresas con peor calificación crediticia —las de rating 'high yield', BB+ o inferior, según la escala de la nota 05—. La nota 07 del curso menciona un tipo concreto de activo de este mundo que merece explicación aparte: los CoCos (bonos convertibles contingentes), que los bancos usan para reforzar su solvencia y que el emisor puede, en teoría, convertir en acciones si las cosas se ponen feas.
Igual que en el Tema 1: se mide comparando el interés que pagan cientos de bonos corporativos por debajo de grado de inversión con el de la deuda pública del mismo plazo. Cuanto peor la calidad crediticia media de esos emisores, y cuanto más nervioso esté el mercado sobre si van a poder pagar, más se ensancha este spread.
Sigue el mismo criterio que en el Tema 1: verde por debajo de 4 puntos porcentuales, ámbar entre 4 y 6, rojo por encima de 6 — consulta el valor actualizado en el Panel de 25 señales del Tema 1, ya que es exactamente el mismo dato.
El caso real que mejor ilustra el riesgo de este mundo no es una simple subida de spread, sino lo que le pasó a los bonistas de Credit Suisse: el 19 de marzo de 2023, el regulador suizo (FINMA) redujo a CERO 16.500 millones de francos suizos (unos 17.000 millones de dólares) en CoCos del banco, como parte del rescate por UBS. Lo llamativo —y lo que rompió una regla que todo el mundo daba por segura— es que los accionistas de Credit Suisse, que en teoría cobran DESPUÉS que los bonistas en caso de problemas (la nota 03 lo llama 'orden de prelación'), conservaron unos 3.000 millones de dólares de valor, mientras los bonistas de CoCos se quedaron con nada. Fue tan controvertido que en octubre de 2025 un tribunal administrativo suizo revocó esa decisión y dio la razón a los bonistas — el caso sigue judicialmente abierto en 2026. Es la prueba de que, en los activos «especiales» que menciona la nota 07 (CoCos, preferentes), la letra pequeña del folleto puede alterar por completo quién cobra y quién no, incluso llevándose por delante una regla tan básica como «los accionistas pierden antes que los bonistas».
Se lee junto al spread investment grade de arriba: la distancia entre ambos (cuánto más pagan las empresas débiles frente a las sólidas) es, en sí misma, un termómetro de cuánto miedo hay en el mercado de crédito en su conjunto.
Análisis profesional
La nota 05 del curso explica que las agencias de rating —Standard & Poor's, Moody's y Fitch, las tres con sede en EE.UU./Reino Unido— existen para resolver un problema muy simple: tú, como inversor particular, no tienes tiempo ni información para juzgar si un país o una empresa va a pagar su deuda, así que una agencia especializada lo hace por ti y te da una nota, desde AAA (la mejor) hasta D (impago), en una escala común para poder comparar cualquier emisor del mundo con el mismo criterio.
Las agencias analizan las cuentas públicas, la deuda, el crecimiento económico y la estabilidad política de un país, y le asignan una nota dentro de dos grandes bloques: 'Investment Grade' (grado de inversión, de AAA a BBB-, el terreno de menor riesgo) y 'High Yield' (grado especulativo, de BB+ para abajo). Cuanto más alta la nota, menos interés exige el mercado para prestarle a ese emisor — el rating y el tipo de interés que paga la deuda de un país están directamente conectados.
Las tres agencias han subido la nota de España desde que se grabó la clase de este curso: en 2023 (los datos que cita la nota 05) España estaba en Baa1 (Moody's) / A (S&P) / A- (Fitch); hoy, en 2026, está en A3 / A+ / A respectivamente — dos escalones de mejora en el caso de Moody's—, las tres con perspectiva estable, atribuido a la fortaleza reciente de la economía española. Las próximas revisiones programadas son el 11 de septiembre de 2026 (S&P y Fitch).
El propio profesor es crítico con estas agencias en la clase: es un mercado casi oligopolístico (8 firmas controlan más del 90% del negocio mundial), quien paga por el rating es el propio emisor —un conflicto de interés evidente, como pagar tú mismo al árbitro—, y han cometido errores históricos gruesos sin apenas consecuencias: no vieron venir ni el colapso de Enron (2001), ni el impago de Argentina (2001), ni la quiebra de Lehman Brothers (2008, con activos calificados como seguros poco antes de desplomarse), ni los problemas de Silicon Valley Bank y Credit Suisse en 2023. La mejora de la nota de España es una buena noticia, pero conviene leerla con esa misma cautela: el rating es una opinión útil, no una garantía.
El rating de un país está directamente conectado con la prima de riesgo (la tarjeta del Tema 1 que compara el bono español con el alemán): cuanto mejor el rating, menor suele ser esa prima, porque el mercado exige menos interés extra por prestarle a un país con mejor nota.
Memoria propia del Tema 2: 59 días guardados.
Tres casos reales que ponen a prueba el temario
El año 2022, el peor de la historia para los bonos. El principio 2 de Malkiel (nota 11) dice que a mayor plazo, más se mueve el precio de un bono ante un cambio de tipos. En 2022 se vio en estado puro: la Reserva Federal subió tipos al ritmo más rápido en 40 años, y el índice agregado de bonos americanos (Bloomberg Aggregate, con datos desde 1976) cayó un 13% — su peor año registrado. Los bonos cupón cero de muy largo plazo llegaron a caer un 39,2%, la peor cifra documentada desde 1754. No fue un fallo del sistema: fue exactamente lo que la teoría predice cuando los tipos suben deprisa y el plazo es largo.
Reino Unido, septiembre de 2022: cuando el riesgo de liquidez se junta con el de precio. Tras un anuncio fiscal expansivo del gobierno británico, la rentabilidad de los gilts (la deuda pública británica, en teoría de las más seguras del mundo) subió más de 100 puntos básicos en solo 4 días. El detonante fue que muchos fondos de pensiones habían usado estrategias apalancadas ('LDI', para que sus activos se movieran como sus obligaciones futuras) y tuvieron que malvender bonos a toda prisa para cubrir garantías, lo que hundió aún más el precio de esos mismos bonos — una espiral. El Banco de Inglaterra tuvo que intervenir comprando hasta 10.000 millones de libras diarios para frenarla. Es el riesgo de liquidez de la nota 04 actuando sobre el activo que el curso presenta como el más seguro de todos.
Credit Suisse, marzo de 2023: cuando la prelación no funciona como el manual dice. Ver el análisis completo en la tarjeta de spread high yield de arriba — 17.000 millones de dólares en CoCos reducidos a cero mientras los accionistas conservaron valor, al revés de lo que la nota 03 enseña sobre el orden de cobro en caso de problemas. El caso sigue judicialmente abierto: un tribunal suizo revocó la decisión en octubre de 2025.